La desnutrición relacionada con el cáncer afecta a una gran parte de los pacientes, incrementando el riesgo de infecciones y reduciendo la tolerancia a los tratamientos de quimio y radioterapia.
No se trata solo de un déficit de peso, sino de una pérdida de masa muscular que compromete la recuperación. La integración del soporte nutricional desde el diagnóstico inicial no debe ser opcional, sino una parte estructural del abordaje terapéutico para garantizar la continuidad del tratamiento y mejorar la calidad de vida del paciente.
Muy interesante la noticia a este respecto publicada en Diario Sanitario el pasado 2 de febrero, con motivo del Día Mundial del Cáncer (4 de febrero).